Científicos de Scripps Research (Estados Unidos) descubrieron una molécula capaz de activar una proteína natural de refuerzo inmune, llamada sting, abreviatura de STimulator of INterferon Genes), conocida por sus propiedades antitumorales, pues dirige el sistema inmunológico contra invasores virales y cancerosos, lo que había despertado el interés de desarrolladores de fármacos. Sin embargo, los activadores naturales de sting son moléculas inestables que no duran mucho tiempo en el torrente sanguíneo, y eso venía obstaculizado el desarrollo de tratamientos, informa DPA.

Los científicos, cuyo trabajo se publica en Science, examinaron moléculas con diversas estructuras hasta que identificaron varias que activan la sting. Entonces modificaron una para optimizar sus propiedades, y encontraron que administrada sistémicamente en ratones con una inyección, reducía en gran medida un tipo agresivo de melanoma. “Una molécula activadora de sting sistémica podría tener una utilidad considerable; no sólo para el cáncer y enfermedades infecciosas, sino como sonda para estudiar la inmunidad antitumoral dependiente de sting, explica Luke Lairson. Él y sus colegas hallaron que su optimizado activador de sting, al que llamaron SR-717, parece activar la proteína del mismo modo que sus activadores naturales: demostraron que tanto SR-717 como el activador natural se unen al mismo sitio en sting e inducen el mismo cambio en la proteína.

En un modelo animal de melanoma agresivo, SR-717 frenó dramáticamente el crecimiento del tumor, previno metástasis, indujo la presentación de las moléculas del tumor al sistema inmunológico, y aumentó en forma importante, alrededor de los tumores, los niveles de células T CD8+ y NK, las armas antitumorales más pesadas del sistema inmunológico. Con esta dosis efectiva, no hubo efectos secundarios adversos significativos.

Otra investigación

Del otro lado del Atlántico, investigadores del laboratorio de Genómica Biomédica del IRB Barcelona, liderados por Núria López-Bigas, hicieron un análisis computacional exhaustivo, de 28.000 tumores de 66 diferentes tipos de cáncer, e identificaron 568 genes directores del cáncer, que juegan papeles específicos en la regulación del crecimiento y el ciclo celular, y la replicación de ADN, entre otros. Las mutaciones de estos genes dan a células malignas la capacidad de reproducirse rápida e indefinidamente, evadir el sistema inmune, propagarse e invadir tejidos y modificar el entorno para su beneficio. Encontrar los genes que albergan estas mutaciones es uno de los principales objetivos de la investigación oncológica.

“El registro de genes directores proporciona, tanto a la investigación clínica como a la básica, conocimientos cruciales. Por ejemplo, si sabemos que la capacidad tumorigénica depende de una proteína concreta, los oncólogos pueden emplear una terapia específica- anticuerpos u otros inhibidores- para tratar al paciente”, explica López-Bigas.

Luego de identificar los 568 genes, el grupo comprobó que la mayoría son altamente específicos y que sus mutaciones son capaces de desencadenar sólo unos pocos tipos de tumores. Sin embargo, hay un grupo que representa menos del 2 % de los genes conductores, es muy versátil y puede impulsar más de 20 diferentes tipos de cáncer.

“Desde que fueron identificados se sabe que los genes conductores presentan diversos niveles de especificidad. Tener este registro nos permite abordar la cuestión de manera sistemática”, resalta Abel González Pérez, que también ha liderado el proyecto.

Estudios previos han demostrado que los cánceres son causados por un promedio de cuatro mutaciones clave. Pero algunos presentan sólo una mutación, mientras que otros típicamente presentan muchas mutaciones, como los tumores colorrectales y de útero, llegan a tener hasta 10.